pescador de orillas

El viejo pescador lanza su red. Concentra todas sus fuerzas en pescar algo, pero sus manos temblorosas ya no tienen la precisión de antes.

No sabe hacer otra cosa para sustentarse, lleva días sin probar bocado, lo poco que le da su pesca escasamente le sirve para alimentarse, para un trago en el bar y cinco o seis cigarros para pasar la noche.

Muchos años se han asentado en sus espaldas y ya sus brazos no pueden empujar los remos para echarse a la mar.

El viejo pescador vive solo en su choza, no tiene a nadie, su único hijo no tuvo su experiencia, ni su destreza para navegar, fue una víctima más de las olas. Pero el viejo pescador ya olvidó eso, ya no tiene a quien llorar.

Recoge la red sin agarrar nada, ya es tarde, hoy no cogerá nada.

Pasará por el bar antes de ir a casa, tal vez alguien le brinde un trago o le regale un cigarro.

Tampoco esta vez le apremia la suerte, a los moradores del bar les es indiferente la suerte de un viejo o están tan desgastados y maltrechos como él.

Se dirige a su casa con la red al hombro y las ropas húmedas y derruidas por el salitre. De camino recoge un trozo de tabaco pisoteado.

Ya en casa cuelga la red en un clavo detrás de la puerta, destapa la olla que tiene sobre una hornilla de carbón, descubre en su interior la mitad de un pan mohoso, vuelve a tapar la olla y recuesta su taburete a la pared, prende su mitad de tabaco, echa una bocanada de humo, cierra los ojos e intenta soñar con el mar.



pasaje erótico de la biblia

Después de huir de Sodoma, Lot tuvo miedo de vivir en cualquier ciudad aledaña. La imagen de su esposa cristalizada lo atormentaba en cualquiera de sus estancias. Entonces decidió irse a vivir con sus dos hijas a una cueva.

Un día la mayor le sugirió a su hermana:

―Nuestro padre ha envejecido mucho y nosotras no encontraremos esposo alguno en esta región; así que vamos a acostarnos con él para mantener su descendencia.

Esa misma noche la mayor se acercó al padre con un cuero lleno de vino.

―Padre, le he traído de beber, ya muy poco nos queda desde que partimos de Sodoma. ―dijo ofreciéndole la bebida.

Este bebió y a las pocas horas ya se encontraba completamente beodo. Entonces la mayor hizo señas a su hermana de que iba a ser la primera en poseer al padre. Tumbó a este sobre el lecho de paja y hundió el fláccido miembro dentro de su vagina.

Al día siguiente Lot no recordó lo sucedido y al caer la noche fue emborrachado nuevamente y la menor obtuvo también, el semen de su padre.

Una madrugada del año entrante el llanto de Moab y Ben-amí despertaba de su apacible sueño al intrigado Lot.


producto interno bruto

Zhenya Sheveleva me escribe cartas frías desde San Petersburgo, me envía un billete de diez rublos que valen más o menos lo que valen cien bolívares en Cuba. A su vez le envío uno de tres pesos, que valen lo mismo que tres pesos cubanos en Rusia. Ella tiene suerte, siempre recibe mis cartas. Pero mi cartero me revisa los sobres, como un perro hurgando en la basura.


vuelo nocturno

No tenía mucho que hacer, salió al parque de siempre, al banco de siempre. Pero no estaba la gente acostumbrada, solo un joven bebiendo. Ella se sienta a su lado, él le alarga la botella «¿quieres?», acepta y se da un trago. Él la invita a caminar, Ella acepta «en fin, no hay nada mejor que hacer».

Abandonan el banco, luego el parque y caminan por una calle desconocida por Ella. Él le pregunta si quiere volar, Ella asiente con la cabeza, él le da algo que ella traga sin preocupaciones, les crecen alas.

Vuelan por encima de la ciudad. Él le señala una ventana abierta. Ella pregunta qué lugar es ese. Él responde «nuestro nido». Ella pregunta «¿me amas?», Él responde que sí. Ella pregunta «¿te vas a casar conmigo?» y él que sí.

Entran juntos por la ventana. La tumba sobre el nido, le arranca la ropa, a ella se le antoja que son plumas. Hay muchas plumas por doquier. Él también se quita las suyas. Coloca algo entre sus piernas y empuja. Siente como la desgarra por dentro, aguanta el grito, aprieta los puños y calla. Termina, se pone las alas, salta por la ventana y alza el vuelo.

Despierta en la mañana, se incorpora y de rodillas recoge lo que quedó de sus alas:

Plumas, sueños y ganas de volar.



canción impúdica para hope

up, down, up, down, repeat

para adelante y para atrás,
pa´lante y pa´atrás
ramuf on

he dejado de depilarme
y el vello púbico
se agrupa como la maleza
entorno a mi piel
he olvidado
la hoja de afeitar
a propósito
para no sentirme deseado

 

la pelambre que aquí crece
lleva por extraños designios
tu nombre
una sombra
a veces como pasto acolchonado
que revuelvo con mis puños
mientras suben y bajan
golpeando desenfrenados
mi entrepierna
en las noches
cuando pienso
irremediablemente
en ti


graffitti

a nuestros moderadores
y sus amables correos censores

   Esperó a que dieran las doce, bajo las campanadas y la luz de las estrellas se armó con brocha y pintura contra el tapiado de la hacienda. Allí hirió la mampostería dejando por misiva que al día siguiente escaparían juntos.

   De regreso la guardia lo sorprendió. La brocha dio fe ante el juez que se trataba de un miembro del grupo rebelde que conspiraba contra el rey.

    En la mañana fue leída la sentencia y fue ahorcado en la plaza.

   Aprovechando la atención de todos en el reo, cuatro jóvenes rallaban los portones de la catedral con blasfemias y denuncias.

   Ella se casó en palacio, mientras en las afueras estallaba la revolución.


CONTEO

ejercicio de vasos comunicantes

 

   Su lengua saliva el clítoris voluptuoso a causa de la excitación, el sabor se torna de un salado apetitoso por la cantidad de líquidos fluyendo. El dedo acariciando con vehemencia el interior de la vagina.

   –¿Tú siempre tienes que escribir así?, con tantos detalles. Mira –Irina señala mi pantalón– si hasta se te está parando, chico yo no sé de donde sacas tantas porquerías.

CINCO. Ha comenzado la cuenta regresiva para que termine rompiendo la cuartilla. ¿Qué coño sabe ésta de literatura?

   –¿Me vas a dejar leerte el cuento?

   Muerde los muslos, pellizca sus senos estirándole los pezones, uno, dos dedos en el interior de su boca, los mismos que ahora se introducen en el ano.

   –Más fuerte… más… mi amor… sigue, así…

   –¿No ves lo que yo te digo? Chico, ¿qué  es lo que tú aprendes en los talleres esos?

CUATRO. Ya el tono de voz está cambiando, esta será una noche dura.

   –Dice Thais que si el lector, después de leer el cuento, entra al baño a masturbarse es porque estamos haciendo un buen trabajo.

   –Tranquila –le susurra al oído– despacio mi amor, deja que entre, así suavecito.

   Su mano la agarra por los cabellos y la penetra suavemente, siente como le resbala el pene en el interior. La lengua le recorre el cuello, se introduce en su boca, busca su gemela para abrazarla.

   –¿Thais?, esa debe ser la  de todo el mundo allí, ¿no?

TRES. No la soporto, ahí va con su escena de celos. Continúo sin prestarle atención.

   Muerde su cuello con delicadeza. Te amo, le dice con la voz apagada. Ella hace presión con las piernas, sienten un escalofrío que le recorre por todo el cuerpo.

   –Ya casi… amor… aguanta un poquito más… espérame…

   –Porque seguro ella te da clases prácticas y todo, la muy .

DOS. No se puede, así no se puede, ¿por qué tiene que ser tan…? Calma, cuenta, uno, dos tres… nueve, diez.

   –Irina, Thais es lesbiana, ya no sigas con eso déjame terminar el cuento chica.

   –Yo también te amo –responde ella con la voz dulce, perdida en el placer. Sudan, se abrazan, sofocados, continúa penetrándola, a veces fuerte, a veces suave, siempre con mesura. Ella se mueve delicadamente como si fuera al compás de un vals.

   –¿Lesbiana?, chico a otra con ese cuento. No  que seguro armas un trío con su noviecita y todo.

UNO. Ya, ya casi una gota más y me colmará el vaso. que mujercita esta.

   –¿Tú no puedes entender que Thais es la coordinadora del Taller? Que no somos amigos siquiera.

   Su vientre no aguanta más, erupcionará en cualquier momento, sus cachetes están rojos, ardiendo. Sienten que les falta el aliento, que se les va a ir el mundo, que pueden desfallecer en cualquier momento.

   –El Taller ¿no?, la reunión de querrás decir. No, si no lo digo yo, todo el mundo te ha visto; “ayer vi a tu marido con unas muchachas”, “oye Rolandito estaba en el parque conversando con dos mujeres”. Zorreando con una partida de escritoras , querrán decir.

CERO. Ahora sí que acabó, solo abre la boca para  la vida.

   –Irina, ¿Qué tú te has creído chica?, no te soporto, me voy pa’l  de aquí, hace falta que cuando vuelva, mañana, pasado o cuando me salga de la  volver, ya tu no estés aquí porque te mato.

   Igual que siempre, igual, pero esta vez se acabó, se acabaron las críticas, el “tú no escribes nada que sirva”, el “fulanito lo hace mejor”, el “tus amigas son unas  que se acuestan contigo”. Se acabó.

   La bola de papel enrollado en el suelo. La cara de “¿Qué pasó?”, la misma de siempre, la de cuando las cosas se ponen feas, la de “¿y yo que hice ahora?”.

   No soportaba más la bola de fuego que corría por su estómago, la calidez de su vientre, lo apetitoso de su sexo. Descargó todo, las fuerzas lo abandonaron, quedaron tendidos uno sobre el otro, escuchando los fuertes latidos de sus corazones.

   –Ah, Thais… como nunca, eres genial, simplemente genial, te amo.

 

   El chasquido de la cerradura, la deslumbrante luz. El estrépito de una carcajada.

   –¡Pero Rolando!, ¿a esto es a lo que te dedicas cuando estoy durmiendo?

Julio de 2011


Lucía

A Humberto Solás…
in memoriam.

A Duda, la cuatra Lucía

   El aire acondicionado penetra en la piel, el humo del café hace una estela danzante. Las tres están colgadas en la pared y presentan sus sonrisas habituales. Yo tengo la mía sentada a la mesa. Mi Lucía.

   Mientras Los Beatles tañen su let it be, ella añade azúcar a su taza, me observa y una sonrisa la descubre hetaira. La tenuidad de la luz nos brinda un ápice de intimidad que aprovecho para deslizar mi mano por debajo de la mesa. Puedo percibir al tacto la erizada piel de sus piernas, tiembla la taza humeante en mi otra mano. Su rostro se torna nervioso, sin embargo me incita con la mirada a que continúe.

And in my hour of darkness
She is standing right in front of me
Speaking words of wisdom, let it be.
Let it be, let it be.

   Recorro su piel, Lucía se agita. Mi mano en su sexo juega con los líquidos que van apareciendo. Le señalo la erección que abulta mi pantalón y la cubre con su mano. El cristal nos guarda, nadie parece darse cuenta o disfrutan imaginando nuestro juego. Unos metros a la derecha dos rubias se besan y nadie las mira. La gente de aquí parece muy educada o adaptada.

And when the broken hearted people
Living in the world agree,
There will be an answer, let it be.

   A Lucía le quema por dentro y ya nada parece importarle. Las tres de la pared mueren de envidia, no les hace gracia que aparezca una cuarta y se lleve toda la diversión «nosotras ya estábamos aquí y ella llegó de última», pensarán. Las tres están furiosas, quieren saltar de la pared y tomarme solo para ellas. La cuarta ha perdido todo pudor, se sube a la mesa y comienza a masturbarse. Me inquieto. Las rubias hacen un 69 sobre su mesa. ¿Por qué nosotros no?

I wake up to the sound of music
Mother Mary comes to me
Speaking words of wisdom, let it be.
Let it be, let it be
.

   Mi carne penetra en la de Lucía que gime y se mueve frenética sobre el cristal. ¡Espera!, me vas a derramar el café, le digo y acabo mi taza de un trago, sigo penetrándola. Mientras las de la pared se conforman con hacer un trío para sumarse a la orgía. Las dependientes tampoco quieren ser menos y luchan por lograr erecciones en los viejos bohemios de la primera fila.

There will be an answer, let it be.
Let it be, let it be,
Whisper words of wisdom, let it be.

   Lucía erupciona y sus fluidos me traen el olor del express de hace rato. Pero ya no encuentro humo en mi taza. Se acerca la dependiente:

   –Oiga –dice–, se le va a enfriar el café y ya vamos a cerrar.

   A mi alrededor la gente va desapareciendo, las rubias salen con dos muchachos, los bohemios terminan sus tazas y recogen los libros, las demás dependientes acomodan las mesas y las tres de la pared mantienen sus sonrisas habituales. De Lucía ni rastro. La dependiente se impacienta, toma aire pero no la dejo articular palabra alguna:

   –La cuenta, por favor.

Lucía (filme del cineasta cubano Humberto Solás)